lunes, 14 de enero de 2008

Hasta que por fin...

Después de dos años de "convivencia" (que palabra tan horrible), por fin llegó el momento que tanta gente estaba esperando. Y no estoy exagerando, afortunadamente es mucha la gente que nos quiere y que desde hace años quiere vernos casados y felices.

No hubiera podido ser más bonito. Gracias a las bodas de oro (¡50 años!) de mis suegros, entendimos que el amor hay que celebrarlo. Y hay que celebrarlo con los amigos, con la gente que nos quiere. Por eso, nos vamos a regalar una fiesta de matrimonio. Para celebrar que estamos juntos y que estamos rodeados de gente que nos llena de amor.

Así, el 12 de enero, a la 1 a.m. Tomás me propuso matrimonio.

1 comentario:

natalia dijo...

Por solicitud de Gabrielita, voy a reproducir la escena:

Acabábamos de llegar al apartamento, luego de una celebración llena de amor: las bodas de oro de los papás de Tomás. Él se sentó en la sala a fumar y me dijo que quería hablar conmigo. Y me dijo:

-Yo creo que después de ver lo fácil que fue arreglar la fiesta de mis papás, deberíamos hacer lo mismo para nosotros. Es algo que nos merecemos... ¿por qué no nos casamos?

Y yo le dije que sí. Con una sonrisa enorme y sin llorar (quién lo iba a pensar).

Esa misma noche, antes de irnos a dormir, hicimos la primera lista de invitados, incluimos a los que están cerca y a los que están lejos, con la esperanza de que puedan acompañarnos.

Y ya, desde ese momento, todo ha sido felicidad.