lunes, 22 de diciembre de 2008

el baile


Una vez terminada la comida, dimos unas vueltas por las mesas saludando a la gente y ante la insistencia de los asistentes por que empezara oficialmente la fiesta, abrimos el baile, como se dice formalmente.
Como no queríamos bailar el vals, escogimos una canción de Frank Sinatra que se llama For Once in My Life que también se les puede mandar y que dice así:

For once in my life
I have someone who needs me
Someone I've needed so long
For once unafraid
I can go where life leads me
And somehow I know I'll be strong

For once I can touch
What my heart used to dream of
Long before I knew
Someone warm like you
Could make my dreams come true

For once in my life I won't let sorrow hurt me
Not like it's hurt me before, oh
For once I've got someone I know won't desert me
'Cause I'm not alone anymore

For once I can say
This is mine, you can't take it
As long as I've got love I know I can make it
For once in my life I've got someone who needs me

Bailamos con nuestros papás y con varios más. Esta canción se repitió como 3 veces y ahí sí empezó la rumba de verdad.

A fin de cuentas, celebramos todo lo que pudimos, bebimos, bailamos y terminamos rendidos casi a las 4 a.m. después de una noche maravillosa, llena de amor y felicidad que se pasó volando pero que Tomás y yo recordaremos siempre como uno de los días más felices de nuestras vidas.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

miguelito


Después de los brindis, nos fuimos de mesa en mesa para que nos tomaran las fotos respectivas. Pensé que eso iba a ser de nunca acabar, pero fue realmente rápido. Una vez terminada la sesión de fotos, nos sentamos a comernos el delicioso ponqué de mi mamá que ya todo el mundo había terminado, menos nosotros. Pasó un ratico y nos sirvieron la comida. Y cuando terminamos de comer, apareció Miguel Vaca con un papel en la mano en medio de la pista y leyó estas palabras que nos dejaron felices:

"Que chimba es hablar en el matrimonio de estas dos pichurrias. Mi idea no es discutir quién es más pichurria que quién, quién se merece a quién, pero por si las moscas, para dejarlo sobreentendido, para dejarlo bien claro y no discutirlo más, aquí se casó mejor Tomás que Natalia. Punto. Pero eso, repito, no es lo más importante, me parece más rescatable resaltar el hecho, el sobrehecho y sobre el lecho que esta relación se ha venido forjando con la paciencia, la perseverancia y el cariño de estos dos amigos durante un largo periodo, donde todos nosotros hemos sido espectadores de esta linda experiencia. Justo se me vienen a la cabeza dos porciones de Tanqueray por una de Vermouth, aceitunas, un par de copas de martini y el colchón del Parra que tenía en la sala. Pues sí, ustedes de pronto no lo tengan muy claro (seguramente con tanto martini yo tampoco sea el más idóneo para explicarlo) pero esto se remonta a las épocas donde el Parrinski vivía en La Caracas y dos apartamentos abajo, su humilde servidor. Acostumbrábamos a ver desde las PopStars hasta el mundial de Corea-Japón acompañados de un martini. Y así, por el apartaco no faltaba ni Moncada, ni Davinchi, ni Tico, ni Tomás. En esas se estaba una noche, cuando Tomás... ¡¡¡Ustedes conocen a Tomás!!! Ese Tomás que quiere decir algo y no lo dice, que está preocupado y no lo aclara, que se pone la cabeza entre las rodillas y se rasca la cabeza, pela los ojos, mira al infinito y apenas se siente un tosido, en el que masculla: "Tengo algo que contar". Después empieza a perseguirse la cola, y continúa diciendo que va a contar algo pero IGUAL no lo cuenta, que tiene un problema pero SIGUE sin contar nada, ¡¡Qué joda Tomás!! ¡¡Hable a ver!! En esa ocasión, estábamos Parra, Tico y los tres escuchábamos atentos cómo Tomás definía a la mujer de su vida, a la mujer que engolosinaba sus pensamientos y enmelocotonaba su ser. Parecía que Tico y Parra entendían que era la primera vez, en mucho tiempo, que Tomás, sentado ahí, en una de esas sillitas marchitas que componían la sala de Parra, abría su corazón y desesperado quería controlar su inercia por irse de bruces contra esa mujer que lo tenía adormilado. Yo mientras tanto seguía tomando mis martinis y escuchaba a Parra dar lecciones de cómo conquistar mujeres, esa noche soltó dos trampas de oso, tres nasas para peces medianos y una escopeta de doble cañón con suficiente munición para un safari africano. Otro día les cuento todos esos secretos de Parra y su importancia para la humanidad. Al final fue suficiente para que después de seguir todas sus indicaciones y pasadas tan solo tres semanas, Tomás estuviera presentando a la mujer que lo acompañaría de ahí en adelante. Ella apenas estaba saliendo con él, no creo que se haya imaginado lo que se le venía pierna arriba en esos seis años junto a él. ¡¡Ay dios mío!! ¡Pichurria él, pichurria ella! Hoy los tenemos juntos y de corazón espero verlos así por mucho, mucho tiempo. Yo no me vine a despertar de mi embriaguez sino justo hasta el momento en que hace unas semanas completamente vulnerable, Tomás me dice: "Le tengo reservaditos unos minutos de micrófono".

jueves, 11 de diciembre de 2008

brindis


Cuando todos los invitados estuvieron sentados en sus puestos, nos hicieron entrar de nuevo al salón. Otra vez nos aplaudieron mucho, ya como marido y mujer. Nos llevaron a la pista, donde estaba la mesa del ponqué con nuestras copas. Nos sirvieron la champaña y tanto mi papá como el papá de Tomás hicieron un par de brindis muy bonitos.
Después, Tomás leyó estas palabras:

"Hace seis años, en una mezcla entre decisión y algo de suerte, la vida me llevo hacia una de las mujeres más increíbles que he conocido, llena de inteligencia, humor, y con unas ganas infinitas de ser amada. A esa mujer, la que todos conocemos, la que me ha hecho crecer, madurar ser mejor cada día, a esa mujer de tez blanca y sonrisa constante, le entrego la totalidad de mi futuro.

La nuestra, una relación abierta, creada a partir de una infinita voluntad, que cada día construye y concreta un cotidiano cada vez más sólido, es la herramienta que nos hace estar a todos el día de hoy escuchando estas palabras. Es la razón para celebrar este matrimonio.

Con amor y compañía, Natalia me ha enseñado miles de cosas en la vida, me ha conducido por un camino que jamás pensé que podría recorrerse, me dio seguridad para transitar por el mundo más tranquilo, me llevo de la mano y me entró en el mundo de la adultez, dándome la mejor oportunidad de mi vida: convertirme en su esposo.

Es ella el fuego de nuestro hogar, es ella la que con su dedicación y constante amor ha logrado llevarme por el camino que hoy me trae hasta acá, es ella la que con trabajo y constancia me demuestra cada día que la vida se vive con amor y con entrega total hacia lo nuestro.

Fruto de dos familias que nos han heredado como herramientas para la vida, la unión y el constante trabajo por nuestros sueños; hoy, nosotros, dos hijos del amor y la constancia, nos encaminamos en un nuevo proyecto de vida.

Natalia, mi mujer, mi novia, mi confidente y el tesón de mi vida, hoy como todo los proyectos que hemos encarado juntos, empieza un nuevo desafío, tal vez el mas provechoso de todos, dedicarnos a crear y construir nuestra propia historia".

miércoles, 10 de diciembre de 2008

la ceremonia


Llegamos al hotel mi papá, mi mamá, mi hermana y yo. Ellas dos se fueron para el salón y mi papá y yo nos quedamos esperando a que nos llamaran para subir y nada... Ya eran más de las 6:30 p.m. (hora en la que estaban citados los invitados) y nada que llegaban ni el oficiante ni el fotógrafo. Yo ya estaba empezando a ponerme nerviosa porque no quería que los fuegos artificiales del Colpatria empezaran antes de la ceremonia. Esperé otro ratico (que en la vida real debieron ser como dos minutos) y volví a llamar a Tomás, pero ¡no me contestó! Entonces llamé a Irene y le dije que ya íbamos a subir, que no quería seguir esperando (además, porque se me olvidó hacerle caso a Andrea Perdomo y entrar al baño antes de ponerme el vestido, las chicas que no se han casado, ténganlo en cuenta para el futuro).
Subimos por el asensor que lo lleva a uno directamente al piso diecisiete, en el que quedan los salones Monserrate y Guadalupe, y cuando se abrieron las puertas nos estaban esperando Gabriela (la hermana de Tomás), Irene y Carolina. Le pusieron las florecitas de la solapa a mi papá (creo que ese ramito se llama azahar) y nos dirigimos hacia la entrada del Salón Guadalupe. La canción que escogí para la entrada fue Something Good (la versión de Caetano Veloso) que es una canción de la banda sonora de La novicia rebelde, es la canción que cantan María y el Capitán cuando se dan cuenta de que están enamorados. Yo sé que suena de lo más lobo, pero es una canción muy bonita. Si la quieren, yo se las puedo mandar.
Tomás me estaba esperando a mitad de camino con el ramo de flores para entregármelo. Mi papá y yo entramos sonrientes, según me dicen. En ese momento yo no estaba entendiendo mucho. Vi pocas caras, y sólo me acuerdo de muchos aplausos y de un amigo de mi papá diciéndole "¡Ya sabe lo que se siente!" y dándole una palmada en la espalda.
Al frente estaba Hernando detrás de una mesa y en frente de la mesa había dos sillas para nosotros. Cuando nos sentamos, me pareció que estábamos tapando a Hernando, entonces le dije a Tomás que nos corriéramos para los lados y así poder dejar la vista libre.
Hernando empezó la ceremonia hablando de cómo nos había conocido, de qué pensaba de cada uno de nosotros y lo que pensaba de nuestra relación de pareja. No me acuerdo de todo lo que dijo, pero el caso es que fue una introducción muy bonita, que incluso hizo reír a los asistentes y que personalmente me conmovió mucho. Fue muy bonito. Después, Hernando leyó un texto acerca del compromiso que representa el matrimonio que nos dieron en la Notaría que nos pareció bonito y después leyó la escritura pública de la que ya les hablé antes. Cuando estaba terminando de leer la escritura, empezaron a sonar los fuegos artificiales del Colpatria, así que se apuró para terminar rápido con eso y pasar a la lectura de los votos. Una vez terminada de leer la escritura, firmamos nosotros dos y Monky (padrino de Tomás), Carolina (madrina de Tomás) e Irene (mi madrina). Mi padrino siempre será Mampe, así que no me interesó reemplazarlo por nadie más, lo haré firmar cuando nos volvamos a ver.
La parte de los votos no la voy a describir, porque está en un video que pueden ver en este link:
http://www.youtube.com/watch?v=olQCJ6icaH8
En ese momento los aplausos sonaban muy, muy fuerte, como si fuera un concierto de Madonna. Yo sentí mucha emoción y mucha felicidad de estar en ese sitio, compartiendo ese momento con tanta gente.
Se suponía que en ese momento tenía que empezar a sonar otra canción ya para la salida (Something About Us de Daft Punk que es desde hace rato decidimos clasificar como "nuestra" canción) y nada que empezaba a sonar. Por fin empezó a sonar cuando ya íbamos como a mitad de camino hacia la salida. Decidimos quedarnos en la entrada saludando a todo el mundo. En ese momento lloré mucho, estaba realmente muy emocionada con todo lo que estaba pasando. Cuando terminamos de saludar, nos escondieron en otro salón mientras los invitados se sentaban en las mesas. Aprovechamos para hacer nuestros comentarios de la ceremonia, para charlar un rato y ya quitarnos de encima los nervios que teníamos.

martes, 9 de diciembre de 2008

por la mañana y antes de salir


Nos levantamos como a las 9 de la mañana, desayunamos, recibimos un par de llamadas de felicitaciones de Mampe y Ana Murcia y salimos a comprar las flores para el peinado de las que me había olvidado por completo el día anterior. Se suponía que debía comprar unas orquídeas miniatura, pero resulta que no son muy rentables y sólo se consiguen por encargo. Por lo tanto, decidí comprar nardos porque quería que las flores fueran blancas.
Luego, pasamos un rato por donde mis papás. Ya al medio día mi mamá tenía sus iluminaciones hechas y el peinado listo y Franky, el peluquero de mi mamá se encargaba de dejar listas a mis tías y a mi prima Laura.
Nos empacaron sendas porciones de lasaña para que pudiéramos almorzar bien y nos fuimos hacia el apartamento. Mi cita en la peluquería era a las 3:30 p.m. así que hacia la 1 p.m. me dispuse a darme un baño largo y relajante, porque tengo que aceptar que me estaba poniendo nerviosa. Saliendo de la ducha recibí la llamada de Maite y Santiago con quienes charlamos un buen rato. Me vestí, me comí la lasaña que me pareció la más rica de toda mi vida y salí a mi cita con Fernando. Apenas llegué, me lavaron el pelo y empezamos con calma con todo el proceso. Primero me alisó el pelo y después me maquilló. Quedé feliz porque vi que no estaba como un payaso sino como yo, maquillada, pero normal y bonita. Después empezó con el chongo. ¡Dios mío! Qué don tan maravilloso el que tiene ese señor. Finalmente, a las 5:00 p.m. ya estaba completamente lista para irme a vestir.
Ya para este momento, mi papá, mi tía Carmenza, mi tía Marlene, Sergio y Laura estaban en mi apartamento esperándonos. Como estaba temprano y mi mamá y mi hermana todavía estaban en la peluquería decidí ofrecerles un tecito para calmar los nervios. Fue muy chistoso ver que la más tranquila era yo con respecto a todos los demás que estaban acá.
Una vez llegaron mi hermana y mi mamá, empezamos a vestirnos.
No sé si lo mencioné antes, pero resulté un poco alérgica a la tela del vestido así que lo primero que hice fue pedirle a Irene que me llenara la espalda y el cuello de Acid Mantle como me había indicado Virginia. Esto fue absolutamente importante porque afortunadamente no tuve ninguna reacción alérgica al vestido el resto de la noche.
Como ya tenía la moña hecha y me tenía que poner el vestido por encima, me tuvieron que poner el gorro de baño cubriendo el chongo y ponerme el vestido entre tres personas. Después mi tía Carmenza me puso los zapatos, nos tomamos un par de fotos antes de salir y a las 6:20 p.m ya estábamos en el carro camino al Hotel Tequendama...

domingo, 7 de diciembre de 2008

diciembre 7

Llegó el día que hemos estado esperando todo el año. Estoy feliz, muy emocionada y un poquito nerviosa. Sé que todo va a salir bien, confío en que todo va a salir bonito y por eso también me siento conmovida y nostálgica por quienes quisiera que estuvieran acá y que por razones comprensibles y normales de la vida sólo podrán acompañarnos de corazón.
De nuevo, niñas de mi corazón, este blog es para ustedes: Adri, Ana Murcia, Gabrielita, Laura María, Maiterile.
Se me aguó el ojo y no sé qué más decirles en este momento. Espero poder tener algo de lucidez mañana para poderles contar con detalle todo lo que va a pasar en unas cuantas horas. Eso sí, espero que mis lectoras locales me ayuden con el recuento detallado del que estoy segura será uno de los días más felices de mi vida.
Las adoro.

sábado, 6 de diciembre de 2008

diciembre 5


Me levanté muy juiciosa, me bañé, y me fui derechito para la peluquería (Antonio's de la Javeriana, al lado de mi casa). Allá me encontré con Fernando, quien me dejó muy bien peinada y maquillada para salir de ahí a la Notaría 38, donde quedaría oficialmente casada con Tomás a las 10 a.m.
Me puse un vestidito blanco que compré en NafNaf para la ocasión. Es un vestidito de esos que están de moda, corto, ancho, sin mangas, cuello bandeja con un moñito al lado derecho del cuello. Muy tierno. Me puse una chaqueta azul encima, medias blancas como de enfermera y unos taconcitos como de cuadritos azules que tengo desde hace rato. Me sentía muy chistosa (muy Sex and the City) caminando con esta pinta por las calles de Bogotá.

Contra todo pronóstico producto del pasado, llegué a la Notaría faltando 15 minutos para las 10 a.m., como había quedado con Tomás. Allá ya estaban Tomás, los papás, la hermana, el cuñado y el sobrino de Tomás y de mi familia ni rastros... Como se podrán imaginar, de mi parte iban a ir todas mis tías, mis papás y mi hermana. Yo estaba un poquitico nerviosa, pero me puso más nerviosa que pasaran los minutos y no llegaran... Precisamente el jueves hubo un derrumbe en la Av. Circunvalar y como todos los carros iban por la séptima mis papás decidieron irse por la carrera trece (¡qué tal el trancón!). El caso es que alcanzaron a llegar perfecto. Nos hicieron pasar a una salita chiquitica donde nos embutimos todos.
Primero nos hicieron firmar la escritura pública a los dos (es decir que ya quedé escriturada a nombre de Tomás) y el registro de matrimonio sólo lo firmó Tomás. Fue un momento muy chistoso porque la secretaria nos dijo que lo podía firmar cualquiera de los dos, pero que normalmente lo firmaban los señores. Yo no me iba a poner de feminista de último minuto, así que Tomás firmó y nos sentamos a esperar al notario. Mientras el señor llegaba, nos tomamos foto con todos y cada uno de los asistentes, una de mis tías se robó unas flores de algún antejardín y me las dio. Mejor dicho, estuvo lo más de folclórica la cosa...
Finalmente llegó el notario que, como dijo mi mamá, afortunadamente era un señor muy bien plantado y no un gordo grasiento (repito, todo esto lo dijo mi mamá, yo ni había pensado en cómo "debería" ser el notario).
Primero nos leyó unas palabras sobre qué significa el compromiso del matrimonio, que nos parecieron muy bonitas, después leyó la escritura pública que es cuando uno dice "sí, acepto" y por último, nos pasó unos votos para que leyéramos en voz alta para intercambiar las argollas. Tomás empezó y... se le quebró la voz completamente. Estaba muy emocionado y nervioso. Fue muy tierno. Obviamente, todo esto me hizo llorar como una magdalena, cosa que fue maravillosa, porque el maquillaje resistió la prueba perfectamente bien. Yo leí los votos también llorando, pero un poco más tranquila, nos aplaudieron, nos tomaron foto con el notario y listo ¡salimos casados de la notaría! A la salida, nos echaron arroz encima cual matrimonio católico, así que no nos quedó faltando ninguno de los agüeros.
De ahí salimos a la casa de mis suegros, brindamos con champaña, almorzamos y listo.
Por último, fui de nuevo a medirme el vestido por última vez, ya está perfecto, y los zapatos quedaron divinos (aunque son demasiado altos para mi experiencia nula). Ya sólo queda esperar a que llegue el domingo...

Ya para terminar, gracias por haber estado pendientes de este proceso todo este tiempo. Como les dije, sé que voy a extrañar mucho este blog a pesar de mi poca constancia.
Las quiero mucho a todas.

diciembre 4

El jueves también fue un día muy productivo. Por la mañana salimos de la casa a llevar el trago al hotel porque así nos salía mucho más barato que comprándolo directamente en el hotel (una botella de sello rojo que en Carulla cuesta $50.000 en el hotel cuesta $110.000, como para que se hagan una idea del asunto). ¡Con esto ya quedaba sólo hacer el último pago y listo! De ahí salimos volando para Carvajal a sacar el último cuncho de la plata que ahorramos todo el año para pagar la fiesta. Afortunadamente somos muy juiciosos y logramos completar todo lo que necesitábamos sin tener mayores problemas. De ahí salimos para la casa de los papás de Tomás a almorzar, donde me encontré con mi cuñada para salir a comprar la liga y las medias veladas. En Tania una liga cuesta 25.000 pesos, pero como estábamos en el centro, no había necesidad de pagar todo eso por una liga, así que nos fuimos más hacia la Plaza de Bolívar y encontramos un almacén de esos de hilos y botones con ligas entre los 4000 y los 6000 pesos. Compré la de 6000, como para no ser tan exageradamente ahorrativa (por no decir tacaña). En ese almacén nos pasó algo muy chistoso. La liga era completamente blanca y para que tuviera algo azul y algo amarillo la señora que nos atendió me regaló unas estrellitas para que le pusiera a la liga. Le puse una azul, una amarilla y una morada. Se supone que entonces con esto quedé con algo "robado", algo amarillo y algo azul. Los dos primeros agüeros no los conocía, pero yo estoy haciendo de todo. Como dice el dicho, no hay que creer en brujas, pero que las hay, ¡las hay!
Mientras hacíamos esa diligencia llovió tan fuerte que cayó hasta granizo. Nos tocó quedarnos un montón de tiempo en Tania que fue donde compré las medias que me voy a poner el domingo. Son de esas de liguero con silicona que se pega a la pierna. ¡Muy sexy!
Una vez terminé este par de vueltas, me fui a recoger de la lavandería el vestido del viernes, después salí corriendo a depilarme y cuando salí de la depilación me encontré de nuevo con Tomás para ir a hablar con Hernando Téllez, el amigo que nos va a casar. De ahí salimos para la casa de otros amigos (Pacho y Heidi) para ir a saludar a Daniel Cardoso, un amigo que vive en Boston y que vino a Bogotá sólo para nuestro matrimonio. Es muy bonito que lograra venir en estos días. Estando en esta casa, me llamó mi mamá y me dijo que me quería ver antes de que me casara. A mí me pareció chistosísimo que después de tres años de no vivir con mis papás ahora salieran con eso... Como Tomás no me vio muy convencida con esa llamada, me dijo que mi papá lo había llamado por la tarde y le había dicho que tenía que hablar con él muy seriamente antes del matrimonio. Eso sí me pareció muy loco, pero entonces no me opuse a ir a donde mis papás. Así que salimos de donde estábamos y cuando llegamos a donde mis papás ¡sorpresa! ¡Ya habían llegado mis tías y mis dos primos de Canadá! Fue una nota volverlos a ver a todos y saber que estaban acá para acompañarnos en estos días tan especiales. Ese día claramente nos acostamos muy tarde, cosa que no ayudaba mucho teniendo en cuenta que al otro día nos casaríamos a las 10 a.m. y yo tenía cita en la peluquería a las 8 a.m. para hacerme la prueba de maquillaje antes del domingo...

viernes, 5 de diciembre de 2008

diciembre 3

El miércoles salimos de la casa directo a reunirnos con Lilian, nuestra hada madrina de las flores (para las niñas del Helvetia NO es Lilian Betancourt, frescas).
Se me olvidó contar que el martes estuvimos hasta la una de la mañana organizando las velas entre las peceritas para llevárselas a Lilian (la señora de las flores), pero fue hasta divertido haber hecho esto entre los dos.
Nuestra reunión con Lilian fue realmente breve, pero productiva. De esa casa salimos con una caja de Pomona que más tarde se convertiría en la caja para la lluvia de sobres.

Una vez chuleada la tarea de las flores nos fuimos a recoger los ponqués en la casa de mis papás para mandarlos a decorar. Los dejamos en el sitio de la decoración, del que saldrán a domicilio directamente para el Hotel, así que ya no tenemos que preocuparnos por este delicioso detalle. Marianita, como ya sabes, hay un ponqué sin nada de alcohol para que puedas comértelo.
Ya se les mandarán las respectivas fotos del ponqué que será decorado con el mismo estilo de las invitaciones: blanco con puntos y cintas azules.

Al final del día nos fuimos a imprimir un papel blanco con pepas azules para forrar la caja de Pomona, pero las energías no nos dieron para forrarla, así que nos fuimos a descansar...

Todo esto es un poco lobo, pero a la vez, es lindo.

diciembre 2

El martes fue realmente el primer día de la recta final. Ya para ese día teníamos a todos los invitados confirmados, así que nos dedicamos a organizar las mesas. ¡Qué tarea tan mamona! Eso toca pensar quién charla sobre qué temas, quién le cae bien o mal al uno o al otro, quienes hacen buen parche y quienes definitivamente no se conocen y no tendrían nada de qué hablar. El caso es que finalmente logramos sentar a todos los invitados en 12 mesas (son en total 104 invitados). Una vez terminada esta labor tan odiosa, enviamos la lista definitiva y nos fuimos para el hotel. Allá estuvimos otras tres horas revisando de nuevo la lista, las cantidades de los platos de comida, del trago, repasando el orden de las cosas una y otra vez, ¡confirmamos hasta la decoración de la comida! El caso es que ya ese día todo quedó completamente coordinado. Sólo nos quedaba pendiente la llevada del trago al hotel.
Sin duda, fue uno de los días más productivos de toda la semana...

diciembre 1

El lunes fue mi primer día de vacaciones. Me levanté muy juiciosa a hacer yoga para bajar toda la comida del fin de semana y empezar la semana de la forma más relajada posible.
Salí para empezar a hacer todas las diligencias que tenía pendientes para ya ir dejando listo lo del matrimonio, pero la verdad no fue un día muy productivo. Tuve una prueba más del vestido que ya estaba prácticamente listo. Ese día también vimos los vestidos de mi mamá y de mi hermana y como tenía pico y placa, ya no pude hacer más vueltas.

Esa noche terminamos de armar la Navidad en la casa de mis papás y Tomás y yo ayudamos un poco con el último ponqué para el matrimonio (en total fueron cuatro: uno grande, dos medianos y uno chiquito ¡qué delicia!).

el fin de semana pasado...

El fin de semana pasado estuvimos muy agasajados por nuestros amorosos, hermosos e invaluables amigos. Ahí sí sentí que ya no faltaba nada de tiempo para el día del matrimonio.

El viernes pasado fue mi último día de trabajo. Estaba realmente agotada, pero también feliz de ya haber dejado todo listo para poder salir a descansar. Esa noche se suponía que teníamos una comida (la comida fue en la casa de Monkey y estuvo deliciosa), pero nada más, pero nos fueron embolatando y engatusando hasta llevarnos a la casa de Carolina para hacernos una fiesta sorpresa que terminó siendo nuestra despedida de solteros. Ni Tomás ni yo nos la esperábamos y fue una delicia poder compartir con casi todos nuestros amigos en un solo lugar (¡cosa que me hace pensar que el matrimonio va a estar bomba!), hubo pasabocas de nuestra chef preferida, atención inmejorable de la dueña de casa, champaña que fue a dar hasta el techo y toneladas de amor de todos los asistentes. ¡Hasta nos dieron serenata de vallenatos! Qué delicia. Fue un pachangón muy bueno, muy feliz y lleno de amor. Todo esto hasta las cuatro de la mañana, como debe ser. Las fotos nos las debe Carolina, porque como fue sorpresa, era simplemente imposible que yo llevara la cámara. Cómo estaría de buena la rumba que a Juliana le tocó quedarse a dormir en mi casa. Con eso les digo todo a las ausentes...

El sábado tuvimos shower erótico donde Alejandra Paláu y Karl Mutter. Como siempre, fueron unos anfitriones de primera categoría y nos divertimos muchísimo con los regalos. En general muchos aceites para masajes y un par de cosas muy groseras como calzoncillos comestibles (¡!). Otra vez nos dieron las tres de la mañana, pero charlando en un plan muy casero.

Al otro día, es decir, el domingo, chef Julianín nos tenía preparado un brunch lo más de delicioso. Ya más formal con papás incluidos. Lo mejor fue desenguayabar con mimosas y comer y comer. Contamos con la adorable presencia de Vicente que cada día está más y más hermoso (igual que los dos papás que se derriten por él). Ese día lo cerramos entregando participaciones que todavía estaban pendientes por toda la ciudad.

Como pueden ver, fue un fin de semana muy sustancioso, de muchas celebraciones y de mucho amor.

Realmente quedamos muy felices y agradecidos de tener tantos amigos tan amorosos.