sábado, 6 de diciembre de 2008

diciembre 5


Me levanté muy juiciosa, me bañé, y me fui derechito para la peluquería (Antonio's de la Javeriana, al lado de mi casa). Allá me encontré con Fernando, quien me dejó muy bien peinada y maquillada para salir de ahí a la Notaría 38, donde quedaría oficialmente casada con Tomás a las 10 a.m.
Me puse un vestidito blanco que compré en NafNaf para la ocasión. Es un vestidito de esos que están de moda, corto, ancho, sin mangas, cuello bandeja con un moñito al lado derecho del cuello. Muy tierno. Me puse una chaqueta azul encima, medias blancas como de enfermera y unos taconcitos como de cuadritos azules que tengo desde hace rato. Me sentía muy chistosa (muy Sex and the City) caminando con esta pinta por las calles de Bogotá.

Contra todo pronóstico producto del pasado, llegué a la Notaría faltando 15 minutos para las 10 a.m., como había quedado con Tomás. Allá ya estaban Tomás, los papás, la hermana, el cuñado y el sobrino de Tomás y de mi familia ni rastros... Como se podrán imaginar, de mi parte iban a ir todas mis tías, mis papás y mi hermana. Yo estaba un poquitico nerviosa, pero me puso más nerviosa que pasaran los minutos y no llegaran... Precisamente el jueves hubo un derrumbe en la Av. Circunvalar y como todos los carros iban por la séptima mis papás decidieron irse por la carrera trece (¡qué tal el trancón!). El caso es que alcanzaron a llegar perfecto. Nos hicieron pasar a una salita chiquitica donde nos embutimos todos.
Primero nos hicieron firmar la escritura pública a los dos (es decir que ya quedé escriturada a nombre de Tomás) y el registro de matrimonio sólo lo firmó Tomás. Fue un momento muy chistoso porque la secretaria nos dijo que lo podía firmar cualquiera de los dos, pero que normalmente lo firmaban los señores. Yo no me iba a poner de feminista de último minuto, así que Tomás firmó y nos sentamos a esperar al notario. Mientras el señor llegaba, nos tomamos foto con todos y cada uno de los asistentes, una de mis tías se robó unas flores de algún antejardín y me las dio. Mejor dicho, estuvo lo más de folclórica la cosa...
Finalmente llegó el notario que, como dijo mi mamá, afortunadamente era un señor muy bien plantado y no un gordo grasiento (repito, todo esto lo dijo mi mamá, yo ni había pensado en cómo "debería" ser el notario).
Primero nos leyó unas palabras sobre qué significa el compromiso del matrimonio, que nos parecieron muy bonitas, después leyó la escritura pública que es cuando uno dice "sí, acepto" y por último, nos pasó unos votos para que leyéramos en voz alta para intercambiar las argollas. Tomás empezó y... se le quebró la voz completamente. Estaba muy emocionado y nervioso. Fue muy tierno. Obviamente, todo esto me hizo llorar como una magdalena, cosa que fue maravillosa, porque el maquillaje resistió la prueba perfectamente bien. Yo leí los votos también llorando, pero un poco más tranquila, nos aplaudieron, nos tomaron foto con el notario y listo ¡salimos casados de la notaría! A la salida, nos echaron arroz encima cual matrimonio católico, así que no nos quedó faltando ninguno de los agüeros.
De ahí salimos a la casa de mis suegros, brindamos con champaña, almorzamos y listo.
Por último, fui de nuevo a medirme el vestido por última vez, ya está perfecto, y los zapatos quedaron divinos (aunque son demasiado altos para mi experiencia nula). Ya sólo queda esperar a que llegue el domingo...

Ya para terminar, gracias por haber estado pendientes de este proceso todo este tiempo. Como les dije, sé que voy a extrañar mucho este blog a pesar de mi poca constancia.
Las quiero mucho a todas.

2 comentarios:

natalia dijo...

Se me olvidó contarles que por la noche salimos a comer Tomás y yo a Nazca, un restaurante peruano delicioso. Nos tomamos un pisco sour y brindamos por los dos. Comimos delicioso, pero en unas cantidades locas que me hicieron tener una noche bastante regular...

COPO dijo...

ay mi Natalí, yo por andar en mi proceso de reconciliación no había vuelto a leer el blog... y qué delicia ha sido encontrarme con toda esta crónica del evento. No sabes lo que he llorado leyendo esto. Jupucha, qué viva el amor. No tengo nada más que decir. Y claro, reitero que estabas hecha una reina. Qué novia más linda fuiste.